jueves, 30 de abril de 2015

Radiografía de una primavera (el reto final de Real Madrid y Barcelona), por Antoni Daimiel

Artículo de Antoni Daimiel para kiaenzona.com donde analiza el estado de forma de los dos grandes de la ACB, Madrid y Barcelona. Cómo están, como llegan y qué se prevee a partir de ahora.




Se conocen, se miden, progresan según lo convenido. Se pulsan, se enredan, deciden sus enfrentamientos en los últimos cuartos. Son dos grandes equipos preparados física, mental y baloncestísticamente para las grandes batallas, para levantar copas. Pero llegamos a una altura de la temporada en la que algo se puede caer y se puede romper.
LA MADUREZ ATREVIDA
El Real Madrid está donde quería, donde pretendía con vistas al último trimestre del curso. Campeón de Copa, primero del grupo de Top 16 en la Euroliga y con las preceptivas críticas al desempeño de Pablo Laso, la mayoría de ellas centrífugas, desde el propio madridismo. El bronce pulido de la armadura permanece inalterable, con el bloque de blue chips formado por Llull, Sergio Rodríguez, Rudy Fernández y Reyes, valores que siguen subiendo, que contradicen las tendencias del Ibex 35 en el largo plazo. Las importantes inversiones en Ayón y Nocioni aún no han presentado la totalidad de los trabajos y su calificación final dependerá de las reválidas tardoprimaverales. Ayón ha necesitado un stage de ubicación y mentalidad que se ha hecho eterno. La consideración del estatus hacia el jugador que ha pasado varios años en la NBA, y el desconocimiento de la exigencia reservada solo a la élite europea le retrasaron la orientación correcta. Inconvenientes en su vida personal, mejor encauzados en las últimas fechas, han supuesto un freno imprevisto. Nocioni parece haber quedado definido entre la especialización táctica y la temporal: un cuatro abierto para cuando convenga, un veterano de gran carácter e historial para momentos y partidos de prime time televisivo. Carroll ha aumentado presencia en el último mes hasta el baile final del partido de liga de este domingo pasado. Una explosión consecuencia de su punto de forma y de su adicción irreprimible al baloncesto, a su baloncesto. Con Carroll, deus ex machina, nunca mejor dicho.
Maciulis no es por ahora más que un especialista de restaurante de menú y K.C. Rivers, si ha convencido, ha sido como café de máquina de empresa, para coyunturas concretas, rápidas, esporádicas. Campazzo ha sido poco más que un número, un peto de entrenamiento cansado de descansar, y el protagonista de la llave de hartura a Diamantidis. La multinacional, la gran empresa, el club poderoso necesita jugadores del “por si acaso” y Campazzo y Mejri lo han sido gran parte de la temporada.
Ahora toca el Anadolu Efes en el playoff de cuartos de final de la Euroliga. Un equipo que parece menos de lo que es y que no ha logrado ser lo que anunciaba. Ahí radica su verdadero peligro. Draper y Heurtel podrían coincidir en pista para compensar la desequilibrante sala de máquinas (como diría Sixto Miguel Serrano) del equipo de Laso. En los duelos de pívots el Madrid firmaría el empate y la mayor ventaja debe estar en puestos de alero. Allí Rudy y Carroll no deberían tener competencia.
EL ROMPEPRIMAVERAS
El Barcelona no ha sido tanto como el Madrid pero su fama de gran planificador ha vuelto a disculpar en gran medida sus derrotas en Liga Endesa o la pérdida del título de Copa. También tiene grandes historias de temporada. Una de ellas es el crecimiento de Satoransky, para darle la razón a Xavi Pascual y acabar siendo el base que seguramente idealizó su entrenador. Otra, la relacionada pérdida de jerarquía y confianza en sí mismo de Marcelinho Huertas. No sabemos si los pick&rolls de Huertas y Tomic han pasado de moda porque así lo dicta el calendario, porque el brasileño ha perdido toque o porque su entrenador haya decidido adelantarse al momento en el que los rivales le encuentren el antídoto, buscando nuevas fórmulas de ataque. Navarro ha seguido en lo mismo, porque zorro pierde pelo pero no la maña. No siempre está pero cuando llega, el rival hará mejor en no cederle el turno de palabra. Thomas se ha quedado en especialista, en proyecto inconcluso de largo plazo. El progreso de Abrines se ha trabado entre obstáculos de procedencia diferente y Pleiss salvó la última cuenta de protección, cual boxeador en la lona, y ha vuelto a ser el que se pretendía en el Palau que fuera, un segundo de Tomic, un especialista de doblaje.
Y qué decir de Mario Hezonja. Cuando salta a la pista el que no para se para, y el que no frena se frena. Vive a destiempo, con un cerebro trasplantado de algún competidor balcánico de los años 70 u 80. Pertenece a la raza de esos que en la primera vez que visita tu casa entra hasta el patio. Está en un momento de su vida y su carrera que le hace entrar en su habitación nervioso por salir cuanto antes. Es el alumno que obliga al profesor a repasar el código de disciplina y conducta y que acabará dejando su foto destacada, fuera de orla, como uno de los alumnos más célebres del centro.
El Barcelona recibe esta semana una amenaza que ya no admite redención. El Olympiacos del caníbal, del dragón rojo, del asesino en serie acostumbrado a dejar a un rebaño entero de corderos en silencio. Spanoulis, con una guardia de corps a su medida, su grupo salvaje, una secta baloncestística que le abre el camino, le corta las ramas, le pone la alfombra y ejecuta todo lo que piensa el escolta griego. Olympiacos es un rival que no tolera medias tintas, que rasga aprobados y medianías. Un examen final previo a otros dos, con numerus clausus para los que no ofrezcan nivel de sobresaliente.
                                                                                                                            
POSDATA
Una cosa más. La deriva en la última década de las fuentes y las vías de difusión ha logrado que el privilegio de comentar un Clásico, aunque sea de baloncesto, suponga un empujón al precipicio de la trinchera y el pim pam pum de los extremismos. Diez o quince años de esta especie de dictadura que obliga a entender el deporte solo desde la barricada, desde el concepto del bushido samurai aplicado al aficionado, marca y determina a por lo menos dos generaciones. Jóvenes y no tan jóvenes captados por esos pulsos sectarios para siempre. Siempre hubo principios activos, protagonistas que, seguramente por brotar en una época que no reconocía matices ni contrastes, entienden el deporte solo desde la víscera y la frontalidad. Pero los intérpretes, los actores no tienen tanta ascendencia hacia la gente si no hay intermediarios de tal desvarío. Es obvio que en estas dos últimas décadas ha habido una alteración drástica y marcial de los cánones para ser aficionado al deporte. Algunos medios, con el objeto de la audiencia asequible, de captura inmediata, u otros tratando de prolongar formatos o estructuras con fecha de caducidad, sembraron este eucalipto fatal. Y no hay que infravalorar la responsabilidad de presuntos referentes de la comunicación que se han hecho millonarios con esa perturbación de los instintos y un indisimulado y turbio manejo de las masas. Lo realizado por unos y otros ha sido abiertamente legal, sin limitación de las instancias superiores que deberían velar por la convivencia y las diferencias entre la formación y el adiestramiento, entre el juicio integrador y esa especie de desfile de bilis, de alienación alineada. Quedarán impunes sin imputación, silbando hacia otro lado de espaldas al destrozo. Lo triste es que asalariados del periodismo, de los que tienen que mirar con preocupación cada seis meses la variación del euribor, quieran participar activamente en este festín, en esta hoguera de bufandas. Me consuelo pensando que se aferran al puesto de trabajo y al dictado, por temor a acabar, como tantos otros, teniendo que pedir agua por señas. 

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